Cegados por nuestro alrededor, muchas veces no sabemos realmente apreciar los valores que tenemos. Un viaje nos puede hacer reflexionar para tener un equilibrio real entre las cosas imporantes y otro aspectos pasajeros que nos iremos encontrando en nuestra vida.
Igual contemplamos situaciones necesarias u objetos imprescindibles que únicamente son resultado de tendencias consumistas y globalizantes de la sociedad.
Desde la adicción entrante a la absurda televisión que tenemos, a la necesidad de tener que consultar el correo, hasta para recibir disparatadas presentaciones o descabellados videos de youtube.
Tratándose de la adicción al trabajo, como si fuera la semilla de nuestra vida, como si fuese el ir a trabajar el objeto que nos mantiene en sintonía con el mundo. Qué grave error. Más aún en la sociedad actual donde ráramente nuestro trabajo es valorado, y más ráramente si trabajamos para un tercero como cacho de carne.
Ese viaje nos ha enseñado que hay más vida que los powerpoints y las series de la tonta caja de los anuncios.
Ese viaje nos ha demostrado que nuestra forma de actuar está obligada por la sociedad, pero ni es la ideal, ni es la única posible.
Igual hasta encontramos un nuevo camino, un nuevo rumbo, una nueva sociedad. Desde luego contamos con una nueva perspectiva , hemos visto algo más. Hemos salido de la rutina.
Quién sabe si las personas conocidas puedan cambiar nuestra nueva vida. Quién sabe si los lugares observados cambien nuestros deseos de estancia y convivencia, nuestros valores, nuestras tradiciones. Ya hablaré de las tradiciones en otro artículo.
De momento, me quedo con las vivencias placenteras y sabias que aportará siempre un viaje. Hoy en día es complicado aprender cosas nuevas que realmente tengan valor.
Un viaje siempre tiene valor.
